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Consideraciones
generales | Participación
comunitaria |
Vinculación interinstitucional
| Estrategia
y ejes de acción |
Planeación
| Coordinación
interinstitucional y acercamiento comunitario
| Concertación
interinstitucional, contacto y extensión comunitaria
| Convergencia
interinstitucional y permanencia en el trabajo comunitario
| Referencias
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Existen diversos modelos para implementar programas de bienestar social en las comunidades. Las metodologías varían de acuerdo con el enfoque y la formación de quienes los proponen. Frecuentemente se encuentran experiencias que están basadas solo en marcos referenciales; sin embargo, las vivencias nos dan el aprendizaje que permite generar propuestas factibles. No se debe convertir la planificación y el diseño de programas en propuestas empíricas, por el contrario, se debe considerar un enfoque profesional y multidisciplinario. La reflexión crítica y permanente es un elemento indispensable para el monitoreo y evaluación de las actividades emprendidas. No existen recetas para la intervención ideal, pero en todos los casos hay que considerar el contexto social, cultural, político, religioso, económico, histórico, y geográfico. Ello implica tomar en cuenta especialmente la percepción de las familias y de las comunidades que son sujetos de la intervención y no solamente la percepción del agente externo, que puede desconocer los procesos del trabajo comunitario. Las experiencias exitosas
de participación comunitaria no son propuestas globalizadoras,
sino locales. Se pueden capitalizar los elementos que llevaron al
éxito, pero la repetición o clonación de los
procedimientos no siempre funciona, ya que se trata de procesos sociales
y no de laboratorio. Es primordial lograr una relación horizontal entre la organización externa y la comunidad, es decir, una relación de iguales en la que la participación es consciente y voluntaria y no una manipulación. Ello exige eliminar la verticalidad de los programas por medio de acuerdos y compromisos de común acuerdo. Estos procesos se facilitarán si se revalora, sistematiza y fortalece el conocimiento que tiene la población sobre la problemática que se va a resolver. El conocimiento de la comunidad, además de explicar la realidad de la población, es un conocimiento socialmente legitimado con respecto al hecho que pretende modificar el programa. Los agentes externos son los que tienen que adaptar las propuestas a las condiciones existentes, lo cual se logra con una actitud comprometida y de interés hacia las personas a quienes se pretende beneficiar. La intervención debe tener un marco de respeto cultural que privilegie las percepciones de la población y que integre la percepción institucional y la comunitaria por medio de una negociación de conocimientos sobre las acciones de la intervención. En el diseño de experiencias exitosas documentadas se pueden identificar siete elementos:
En este capítulo se intenta una propuesta de trabajo que consta de dos componentes:
Los procesos de vinculación entre instituciones, como la suma de esfuerzos para resolver problemas específicos, resultan insuficientes si no tienen el soporte de los grupos comunitarios. La participación comunitaria busca fortalecer la organización de las comunidades potenciando los grupos básicos – mujeres, niños, jóvenes, hombres, productores – y segmentando las audiencias por grupos de interés. Esto a través de talleres o sesiones de acuerdo para lograr las tareas propuestas en forma participativa entre las instituciones y la comunidad.
La vinculación interinstitucional diseña estrategias operativas entre instituciones oficiales y privadas, organizaciones no gubernamentales, académicas y de la sociedad civil para concentrar esfuerzos y recursos en una dirección común. Debe ser un proceso sostenido en el que las instituciones optimizan recursos y realizan actividades en las que comparten responsabilidades. La coordinación entre instituciones es un esfuerzo administrativo en el que deben estar involucrados los primeros niveles del organigrama y debe hacerse por medio de programas entretejidos unos con otros para complementar las tareas. Esto requiere que cada una de las organizaciones involucradas tenga indicadores claros para identificar qué puntos se pueden fortalecer por medio del acercamiento entre una y otra. De esta manera, la coordinación de las organizaciones sólo representa un paso para llegar a la vinculación interinstitucional. La participación comunitaria y la vinculación interinstitucional tienen el propósito de construir procesos sustentables y por ello requieren la evaluación y reflexión crítica permanente del proceso de trabajo. Para evitar el riesgo de que los programas se desarrollen a partir de un mero activismo, se deben clarificar las metodologías, sistemas, estrategias y técnicas.
Es necesario describir cada uno de los pasos de esta metodología de participación comunitaria y vinculación interinstitucional. Algunos de los niveles de estrategia y los ejes de acción se desarrollan en forma simultánea o en diferente orden. La siguiente tabla muestra los ejes de acción que se pueden considerar en cada nivel de estrategia.
La planeación comprende el conjunto de líneas de acción establecidas durante la programación de los aspectos comunitarios que se desean resolver. Estas líneas se disponen como estructuras de referencia operativa y permiten tomar decisiones sobre los procedimientos que se van a realizar en el campo para lograr los procesos participativos. Además, permiten responder a necesidades específicas de instituciones y comunidades. La planeación permite visualizar obstáculos que pueden ser parte de los programas de trabajo y para los cuales se debe contar con medidas para afrontarlos. Los ejes de acción considerados son ocho: 1) Zona estratégica: Es necesario delimitar desde el inicio las áreas de intervención del programa para definir los recursos y los procesos que se van a proponer. La zona estratégica se ubicará geográficamente donde coinciden las instituciones que tienen presencia permanente o que han intentado aplicar acciones. Esta zona debe permitir la extensión del proceso de vinculación a cada una de las localidades. En cada una de las zonas estratégicas se capacita de manera específica al personal operativo institucional y a los miembros de la comunidad para participar directamente en los procesos. Se proponen tareas específicas para la resolución de problemas conjuntamente con las instituciones y las organizaciones sociales. 2) Diagnóstico comunitario inicial: El diagnóstico permite conocer la problemática de la comunidad a fin de iniciar las acciones de acuerdo con las condiciones existentes. Implica buscar documentos, estadísticas y mapas elaborados por diferentes fuentes. Durante el diagnóstico debemos acercarnos a la comunidad para que los habitantes con su propia voz enriquezcan el diagnóstico y expresen sus percepciones sobre la problemática. 3) Radiografía de coordinación operativa: Es importante identificar instituciones oficiales, privadas, académicas, no gubernamentales y la sociedad civil para contactarlas antes del trabajo comunitario. Esta acción facilita la puesta en marcha de las estrategias y la coordinación operativa para evitar la duplicidad de acciones y potenciar los recursos, los servicios y la capacitación de la comunidad. 4)
Mapa de servicios: El
mapa de servicios concentra la información obtenida en la radiografía
de coordinación operativa y señala los programas y servicios
que ofrece cada dependencia. Se realiza después que se haya
iniciado el trabajo operativo ya que en la práctica se conoce
lo que realmente hace cada institución y luego se cruza la
información entre ellas. En el registro se indicarán
las áreas operativas de las organizaciones, los programas,
las acciones y las actividades. 6) Objetivos: Los objetivos permiten que tengamos claridad respecto a lo que vamos a hacer. Podemos cambiar de objetivos a medida que el trabajo avanza, pues a partir de la reflexión crítica de la práctica evitaremos caer en situaciones rutinarias por limitaciones técnico-metodológicas. 7) Comunidad estratégica: Se definirá un lugar donde se aplicará de manera inicial el proceso metodológico de vinculación y participación comunitaria con la intención de generar un microproceso que pueda ser reproducido con las siguientes características:
Es recomendable que se seleccione a la comunidad luego de que la institución soporte haya emitido su opinión porque conoce mejor la región y de esta manera se facilita que haga suya la propuesta de trabajo. 8) Estrategia de abordaje: Es indispensable contar con instrumentos adecuados para iniciar el trabajo en la comunidad, más aún si se trata de modelos alternativos. La propuesta se hará a partir de la institución soporte y de otras que se encuentren en la comunidad estratégica. Ejemplos son la asamblea reflexiva o los talleres de capacitación, los cuales se detallan más adelante.
1) Contacto con las instituciones: Una vez que se haya detectado a la institución soporte, a la comunidad estratégica y la estrategia de abordaje, se convocará a los demás organismos para que participen en el proceso. De esta manera se propiciará la organización coordinada a partir de tareas concretas que logren convencer. 2) Convocatoria: Preparar a la comunidad para lograr su participación no es una tarea que se realice de igual manera en todas las circunstancias. En la estrategia de acción que se va a desarrollar se tienen que considerar los factores que influyen en la vida de la población, como necesidades sentidas, existencia de organizaciones de base, nivel de vida, formas de liderazgo, ritmos de la población y actitud ante las instituciones participantes o el programa. El programa puede ser promovido por una organización de la misma comunidad, por organizaciones externas o por la propia comunidad. 3) Asamblea comunitaria reflexiva: Esta propuesta nos permite reunir a los habitantes en un espacio común accesible a todos. Tiene el propósito de discutir la problemática general de la población y de buscar alternativas de solución en forma conjunta. La asamblea comunitaria reflexiva permite:
4) Programa eje: A partir de la asamblea popular reflexiva se obtiene el autodiagnóstico, que permite proponer alternativas de solución. Al jerarquizar los problemas, las instituciones y la comunidad proponen colectivamente el programa eje que puede estar relacionado con la salud, educación, producción, alimentación, vivienda o comunicación. Se le llama “programa eje” porque su actividad principal permite entretejer acciones a partir de talleres, que son los mecanismos para alcanzar los objetivos de la participación comunitaria. 5) Taller de capacitación: Los talleres de capacitación en la metodología propuesta permiten:
6) Comunidad semillero: Se recomienda que la capacitación institucional se lleve a cabo en una localidad denominada “Semillero” y que sea la comunidad de más fácil acceso, con espacios para realizar la capacitación. Las sesiones permitirán:
El rumbo que toman los programas de desarrollo de la comunidad depende del diálogo interinstitucional y comunitario. No se puede promover la participación sin diálogo, pues las instituciones son las directamente responsables de promoverlo y las opiniones de otros lo enriquecen. Se entretejerán los programas a partir de la “concertación” y cuando se haya alcanzado esta etapa, se podrá emprender la fase de “extensión comunitaria”. Es un paso en el que el binomio comunidad–institución se encuentra en una fase de contacto que propicia la identificación. Para este paso se consideran dos ejes de acción: 1) Extensión comunitaria: En la extensión comunitaria se identifican tres etapas: a) Extensión inicial: Se refiere a la primera sesión que sostiene el equipo de asesoría junto con el responsable de la comunidad (personal operativo institucional) y con la comunidad. b) Extensión de seguimiento: Aunque las instituciones siguen recibiendo capacitación en la comunidad semillero y continúan con las reuniones interinstitucionales, es necesario acompañar las sesiones de cada uno de los trabajadores de campo como parte del proceso de capacitación “aprender haciendo”. En esta etapa, a diferencia de la anterior, sólo se van apuntalando algunos de los vacíos metodológicos. c) Extensión de permanencia: En esta etapa sólo basta corroborar la existencia de actividades como parte del proceso, ya que no es conveniente seguir corrigiendo fallas pues se crearía dependencia del trinomio comunidad-personal operativo institucional-equipo de asesoría. 2) Consolidación del equipo comunitario e interinstitucional: Las instituciones no solamente tratan de potenciar sus programas en las localidades donde trabajan, sino que integran un equipo que va más allá de la vinculación interinstitucional para fortalecer el desarrollo comunitario como un proceso integral. Este proceso se fortalece de la siguiente manera:
Los procesos de vinculación interinstitucional estimulan la definición de acciones prioritarias (derivadas de los programas institucionales) y concentran esfuerzos y recursos en zonas estratégicas. Las acciones prioritarias forman los programas de vinculación. No se trata de crear programas nuevos, sino de combinar la experiencia de las dependencias del gobierno y las demandas y compromisos de los beneficiarios, y estimular procesos de participación consciente y responsable. Se consideran seis ejes de acción: 1) Reuniones interinstitucionales: Este eje marca el inicio de la vinculación y cohesión del equipo interinstitucional. No sólo se busca la capacitación institucional, sino que se reúnen todos los operativos como un solo equipo. Esto se convierte en un espacio donde se comparten instrumentos y experiencias de trabajo para mejorar la práctica cotidiana en la comunidad, así como el establecimiento de estrategias para lograr la vinculación interinstitucional y el desarrollo comunitario sostenido. Se globaliza el proceso en la zona estratégica y se evita la fractura por localidades (las reuniones se inician en la etapa de concertación). Es en este eje en el que realmente se da un proceso para el fortalecimiento comunitario. La metodología de vinculación y participación es un proceso educativo que permite a las instituciones aprender y diseñar estrategias con ritmos sostenidos y en una sola dirección. Además, despierta un sentido de compromiso personal en el fortalecimiento comunitario integral. 2) Socialización: Es necesario informar a la comunidad sobre lo que se está haciendo y cómo se está haciendo para establecer la confianza. Ello requiere el compromiso de todos los participantes con los resultados y con las tareas que faltan por hacer y promueve una relación de trabajo donde se comparte la responsabilidad. 3) Microrregiones: El compromiso por trabajar en pro del desarrollo comunitario aumenta a medida que la cohesión del equipo interinstitucional se fortalece. Se conforman equipos comunitarios e institucionales en cada una de las comunidades en las que hay presencia de organismos con un programa aplicado; se conforman bloques de localidades cercanas unas de otras, lo que da origen a las microrregiones. En las microrregiones encontramos comunidades con cobertura de servicios institucionales o sin ella. Así surgen propuestas de trabajo en equipo que corresponden a necesidades específicas que permiten lo siguiente: a) Reunión permanente del autodiagnóstico: el autodiagnóstico de la comunidad se discute con personas que trabajan en la misma región para implementar las estrategias y evitar que se convierta en un autodiagnóstico para archivar. b) Institución eje por microrregión: aunque al inicio basta la presencia de un eje por zona estratégica, posteriormente cuando se proponen las microrregiones, surgirá la necesidad de más instituciones eje, ya que cada institución pasa a ser un motor del proceso. 4) Cohesión del equipo interinstitucional: La metodología de vinculación y participación comunitaria considera al equipo operativo institucional como un grupo que hay que potenciar para la productividad laboral y para la promoción humana. Este trabajo proporciona un acercamiento que se traduce en un fortalecimiento del proceso de vinculación y participación comunitaria. 5) Estrategias para la permanencia: Se diseñan de acuerdo con el proceso comunitario y las propuestas de las instituciones involucradas. La intención es fortalecer la participación conjunta de las instituciones y la comunidad, con el fin de que los programas se adapten a los movimientos y ritmos comunitarios. 6) Redes sociales: Buscan lograr el vínculo entre las diferentes localidades con el fin de crear un desarrollo comunitario integral que potencie la organización comunitaria (e.g., la Organización Campesina Comunitaria y la Red de Mujeres, ambas reunidas alrededor de una tarea; en el caso de la primera es en la producción agrícola y en la segunda, la mujer y el riesgo reproductivo). Esta red se organiza con miembros de cada comunidad seleccionada, que a la vez actúan como multiplicadores. De esta manera, se logra un soporte del proceso mediante agentes que tienen permanencia en la comunidad a diferencia de las instituciones. Las redes sociales están conformadas por actores sociales que tienen representatividad. Las hay formales e informales. Lo importante de las redes es que son grupos que legitiman a sus líderes como portavoces, lo que es importante para las acciones externas de las comunidades. Se puede concluir que la capacitación institucional se realiza de acuerdo con las necesidades, objetivos, programas, cobertura y recursos materiales y humanos con que cuenta la institución. Con esa base se elaboran estrategias e instrumentos de análisis para la acción y se distinguen los problemas, sus causas aparentes y esenciales, así como sus determinantes. De acuerdo con las características de la propuesta, es necesaria la reflexión crítica de la práctica como principio del método. Se requiere una actitud crítica ante el trabajo que se realiza cotidianamente para encontrar aciertos y fallas, y facilitar los resultados. Es importante ser crítico en el equipo, aunque los involucrados no formen parte de una sola institución y no realizar una evaluación solamente a partir de las metas institucionales. La evaluación del equipo se hace reflexiva a partir de indicadores que se construyen de acuerdo con las características del proceso que se esté trabajando. Permite encontrar avances, fallas y causas; considerar los puntos de cada uno de los involucrados para encontrar soluciones que mejoren el trabajo; y fortalecer el proceso realizado por cada uno de los participantes.
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