Introducción |
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Análisis del riesgo | Definición | Evolución | Percepción del riesgo | Reglas cardinales | Planificación |
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En la vida diaria enfrentamos diferentes tipos
de riesgos a los que le asignamos un valor de acuerdo con la percepción
que tengamos de ellos. Estamos tan familiarizados con algunos riesgos
que por ese mismo motivo los subestimamos. La percepción de
cada persona o grupo social y su escala de valores determinan la forma
en que clasifican los riesgos.
Entendemos por riesgo a la probabilidad de que se presente un daño como resultado de la exposición a un agente químico, físico o biológico.
El análisis del riesgo incluye la evaluación, caracterización, comunicación y manejo del riesgo, así como las políticas asociadas al mismo. La evaluación del riesgo es un proceso que permite evaluar la información sobre las propiedades peligrosas de ciertas sustancias, el potencial de exposición y sus efectos en la salud. Marco de analisis del riesgo
El manejo del riesgo es un proceso para la toma de decisiones que se utiliza para establecer políticas y señalar los peligros identificados durante la evaluación de riesgos y sus consecuencias en la salud pública. Los aspectos del control, las cuestiones tecnológicas, financieras y regulativas son consideradas en el manejo de riesgos. La comunicación de riesgos es uno de los elementos del manejo de riesgos y es un proceso constituido por pasos bien definidos que apoyan la toma de decisiones y contribuyen a un mejor entendimiento del riesgo y su impacto.
El National Research
Council de los Estados Unidos elaboró la siguiente definición
en 1989: “La comunicación de riesgos es un proceso interactivo
de intercambio de información y de opiniones entre individuos,
grupos e instituciones. Es un diálogo en el cual se discuten
múltiples mensajes que expresan preocupaciones, opiniones o
reacciones a los propios mensajes o arreglos legales e institucionales
del manejo de riesgos”. La comunicación de riesgos para la salud identifica las preocupaciones de la comunidad y responde a ellas; reduce la tensión entre la comunidad y el personal de la institución; y explica a las comunidades los riesgos a la salud de forma más efectiva. Ofrece la oportunidad de comunicar los riesgos de manera planificada y a la vez sensible a las necesidades de la comunidad; integra a la comunidad en el proceso de manejo del riesgo; y ayuda a establecer la confianza y aliviar el miedo e indignación. Los profesionales de la salud pública deben entender las necesidades de la comunidad y ser capaces de facilitar el diálogo en cuanto a los asuntos técnicos del riesgo para la salud pública, así como identificar las necesidades psicológicas, políticas, sociales y económicas de la comunidad.
Según Covello y Sandman (2001), la evolución de la comunicación de riesgos para la salud ha pasado por las siguientes cuatro etapas: Etapa 1: Ignorar al
público En los últimos años, la comunicación de riesgos para la salud ha jugado un papel importante en la prevención y mitigación de las consecuencias adversas a la salud humana relacionadas con la exposición a sustancias peligrosas. La tecnología y la globalización son factores importantes en la evolución de las estrategias de comunicación de riesgos. Los rápidos avances en la tecnología de la comunicación están incrementando el flujo de información hacia y desde la fuente al receptor y están ampliando el enfoque de la audiencia. Esto aumenta el desarrollo de las actitudes sociales y la percepción del riesgo. Diversos riesgos ambientales, tales como la contaminación del aire, del agua y del suelo, han añadido nuevas preocupaciones en la sociedad en general. Paralelamente a estos nuevos peligros, nos encontramos en un momento sin precedentes en cuanto a la disponibilidad de información. Cuando se descubre algo nuevo y se considera que puede ser nocivo, nos enteramos de ello prácticamente en unos cuantos días. Cada vez es más frecuente que la mayoría de las fuentes de información sean propiedad de un pequeño número de corporaciones que buscan maximizar sus ganancias. Esto hace que los medios de comunicación magnifiquen los riesgos con el propósito de capturar la atención de un mayor número de audiencias para que compren sus periódicos y revistas o para que estén pendientes de sus programas de noticias radiales o televisivas. Los gobiernos en todo el mundo están comenzando a reconocer que los métodos tradicionales para involucrar a los ciudadanos en la toma de decisiones no siempre son efectivos. Algunos métodos tradicionales de comunicación de riesgos que se asocian generalmente con “el punto de vista técnico” de la comunicación de riesgos o con el “modelo de información de hechos” ya no son considerados como los únicos mecanismos para el desarrollo de políticas públicas relacionadas con los riesgos. Ahora las autoridades en todos los niveles reconocen que la participación ciudadana genuinamente deliberada e interactiva es más efectiva para el manejo de riesgos. Para los gobiernos esto implica ajustes en su interacción con el público. El enfoque participativo de comunicación de riesgos puede conducir a un mayor consenso pero no puede garantizar una armonía absoluta. Desde la perspectiva del gobierno, la comunicación de riesgos respeta al público y su derecho a saber porque es participativa, transparente y reconoce las limitaciones de la respuesta gubernamental. Los gobiernos locales se enfrentan a otras presiones debido a que actualmente la sociedad tiene acceso a la información. El incremento del nivel educativo de la población y el desarrollo tecnológico permiten un mayor acceso a la información en la mayoría de las zonas urbanas a través de la Internet y los noticieros. Es menos factible que un público mejor informado y educado acepte la dirección de una autoridad sin cuestionar los acontecimientos que afectan su vida día a día. La extendida crisis de confianza en las instituciones públicas es un factor difícil de enfrentar, particularmente en las sociedades latinoamericanas. Reconstruir la confianza es una de las metas que todo gobierno debe considerar como un proceso de mediano y largo plazos. La credibilidad, la seguridad y la confianza son el fundamento de una sociedad democrática y son también factores esenciales de cualquier ejercicio de comunicación de riesgo exitoso. Los gobiernos enfrentan el reto de mantener una distinción clara entre las técnicas de comunicación vistas por el público como propaganda y aquellas diseñadas para proporcionar información técnica, promover, educar y cambiar actitudes. Esto implica otro problema al asumir el gobierno el rol de comunicador y de regulador. Cuando los riesgos son bien entendidos, predecibles y mensurables, la comunicación de riesgos puede ser clara y directa. Sin embargo, los gobiernos se enfrentan con mayor frecuencia a la necesidad de informar a los ciudadanos sobre riesgos poco conocidos, impredecibles y respecto a los cuales existe desacuerdo entre los expertos. Por ello se considera que la incertidumbre científica es uno de los factores que permite politizar el riesgo.
La percepción del riesgo es analítica y afectiva. Esto explica por qué los temores del público no siempre están asociados con los hechos reales. El empoderamiento de este punto de vista permite a los gobiernos hacer un trabajo más efectivo de la comunicación de riesgos a través de políticas y de opiniones que surgen como resultado de las mismas. La percepción pública del riesgo cambia constantemente y evoluciona al igual que la dinámica del cambio de la opinión pública, pues responden al ambiente en el que vivimos. La comprensión de los factores que influyen en la evolución de la opinión ayudará a la estructura, desarrollo y evolución de las estrategias de comunicación relacionadas con los riesgos. Esto ayudará
a los individuos a tomar decisiones más saludables y efectivas
para sí mismos y a enfocar la preocupación social en
riesgos más importantes. Así, los gobiernos y las instituciones
sociales y privadas estarán en capacidad de tomar decisiones
que repercutan en la protección del público y en la
salud ambiental.
Las siete reglas cardinales de la comunicación de riesgos:
La mayoría de profesionales de la comunicación de riesgos estará de acuerdo en que incluso cuando estas siete reglas se aplican con eficacia, la comunicación de riesgos no resuelve todos los problemas ni evita conflictos sobre estos aspectos. Pero una pobre comunicación del riesgo o su ausencia sin duda alguna conduce a una falla en el manejo efectivo del riesgo.
La planificación es básica para lograr el éxito de un programa, de acuerdo con los objetivos planteados. El éxito o fracaso de la comunicación de riesgos puede depender en gran medida de definir metas claras, las cuales variarán según la naturaleza del riesgo y puede incluir información, educación, persuasión, negociación, aseguramiento y prevención. Las estrategias empleadas para alcanzar estas metas deberían incluir una discusión interactiva entre el emisor y el receptor de la información. El hecho de promover la participación de la comunidad en el proceso de recopilación de información, le da a esta mayor credibilidad y sienta las bases para la participación comunitaria en la resolución de los problemas. Las comunidades necesitan y quieren estar involucradas activamente en la identificación, caracterización y solución de los problemas que afectan sus vidas. Todo esto implica mucho más que trabajar coordinadamente con la comunidad. Lo realmente importante es que después de la vinculación inicial, la comunidad asuma la autogestión para la solución de sus problemas conjuntamente con las instituciones pertinentes, lo que redundará en la sostenibilidad del proceso sin imposiciones ni paternalismos. La comunicación
de riesgos se define como una comunicación de dos vías
entre las personas involucradas sobre la existencia, naturaleza, forma,
severidad y aceptabilidad de los riesgos. Es vital que se entiendan
los conceptos básicos de la comunicación de riesgos
para la salud y que se asegure la comunicación con las personas
que participan en el manejo del riesgo. |
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