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Salud y ambiente en el desarrollo humano sostenible de las Américas

Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud

EN: Conferencia Panamericana sobre Salud y Ambiente en el Desarrollo Humano Sostenible
      Washington, D.C., 1 - 3 de Octubre de 1995

 


Índice

Introducción
Factores y tendencias del desarrollo que influyen en la salud en las Américas
Interacciones de la salud con el ambiente y el desarrollo
La salud en las estrategias del Programa 21
Anexos

 

1. Introducción

Como todos los organismos, los seres humanos dependen de su ambiente para satisfacer sus necesidades de supervivencia, salud y bienestar. Su capacidad para adaptarse al medio que le rodea y, aun más, de modificar sus entornos naturales y sociales para satisfacer mejor sus necesidades, le permitió a la especie sobrevivir y prosperar. En forma cada vez más rápida, dichas modificaciones, por una parte, elevaron las condiciones económicas y de vida lo suficiente como para mejorar las posibilidades de vida de la especie, pero por la otra crearon riesgos para la salud y la supervivencia humana.

Actualmente, el progreso humano en cuanto a conocimientos, desarrollo industrial e intercambio económico se debe compensar con avances en el aprendizaje de cómo reducir los niveles de estrés del ambiente natural, las fallas de orden distributivo en los ambientes sociales y las discrepancias entre los beneficios inmediatos y el bienestar y la supervivencia a largo plazo.

La salud de las personas es a la vez una meta y un requisito primordial del desarrollo. Los individuos sanos son más productivos, y un nivel elevado de salud en la comunidad evita el tener que gastar la riqueza social para hacer frente a enfermedades, dolencias y alteraciones sociales.

La salud no puede ser lograda de manera exclusiva ni siquiera principal por el sector salud, sino que surge como resultado de los compromisos asumidos en favor de medidas de su protección y fomento por toda la sociedad, guiada y orientada por sus gobiernos; para hacer esto en forma eficaz, la cooperación coherente entre los sectores económicos y políticos es un requisito básico. A su vez, ese liderazgo y esa cooperación deben ser orientados por una comprensión de la interacción entre el desarrollo socioeconómico y los factores fundamentales del cambio ecológico: el tamaño y la distribución de la población, las modalidades de asentamiento, el agotamiento de recursos, la destrucción de especies, las prácticas de consumo, la generación de desechos, los males social y el deterioro ambiental.

Los países de la Región de las Américas abarcan una gama vastísima de ecosistemas naturales y una diversidad semejante de culturas, economías y condiciones sociales. Las diferencias entre países saltan a la vista, pero a menudo se encuentran grandes disparidades incluso entre comunidades dentro del mismo país o la misma ciudad. Prácticamente todas las naciones afrontan problemas en el medio vital que afectan a la salud humana, pero hay diferencias de un país a otro en cuanto al grado y la prevalencia de problemas atribuibles al desarrollo económico mal controlado, el subdesarrollo o la mala distribución de los costos y los beneficios del desarrollo. Asimismo, los países difieren entre sí en cuanto a la capacidad para resolver sus problemas.

A pesar de estas diferencias, que requieren políticas y planes apropiados para las situaciones a nivel nacional y local, existen denominadores comunes importantes que ofrecen una base para la cooperación entre países. Ninguna nación está exenta de poblaciones sumidas en la pobreza, expuestas a riesgos climáticos, físicos, biológicos y químicos, organizadas en forma deficiente para la autoayuda y la cooperación comunitaria, y, por último, carentes de los servicios sociales, educacionales y de salud necesarios. Ningún país esta aislado de las repercusiones de las condiciones ambientales y de vida de sus vecinos, y todos ellos están expuestos a los efectos colaterales que el desarrollo no sostenible tiene en la atmósfera, las aguas, los suelos y las especies del planeta. Además, todos tienen una historia común en cuanto a la cooperación continental, subregional y entre naciones en asuntos sectoriales como la salud, el intercambio económico y financiero y la seguridad colectiva.

Los pueblos y gobiernos de las Américas están reconociendo que deben reformular sus políticas y programas de desarrollo para satisfacer con equidad las necesidades humanas crecientes, al tiempo que mantienen un equilibrio ecológico en la naturaleza y establecen ecosistemas sociales saludables. A medida que nuestra comprensión de dichas relaciones fue aumentando en los últimos decenios, las preocupaciones correspondientes pasaron a tener un alcance mayor. El Programa 21, que es el plan de acción de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), celebrada en 1992, refleja dicho alcance en la atención que presta tanto a los factores sociales y políticos como al deterioro de los recursos naturales, incluidos los de carácter básico, como el aire, el agua y la tierra. La propia continuidad de dichas inquietudes se ve reflejada por una parte en las actividades nacionales realizadas tanto en preparación para la CNUMAD como desde dicha conferencia, y por la otra en la importancia que a las cuestiones del desarrollo sostenible se les asignó en reuniones recientes de Jefes de Estado y Gobierno de las Américas (y que se les otorgará en reuniones semejantes en el futuro).

2. Factores y tendencias del desarrollo que influyen en la salud en las américas

2.1 Procesos de desarrollo

El desarrollo es el proceso por el cual los seres humanos modifican intencionalmente el ambiente circundante para mejorar sus condiciones. Durante los últimos dos siglos, y sobre todo en los últimos 50 años, dicho proceso se llevó a cabo con celeridad y potencia crecientes, lo que se tradujo en cambios importantísimos en los ambientes naturales y edificados de las mayoría de las comunidades de las Américas.

Las actividades de desarrollo económico explotan los recursos naturales y humanos, con distintos niveles y métodos de control social, para aumentar la riqueza. Ellas pueden mejorar el bienestar si se las orienta bien para atender las necesidades humanas (tanto las de carácter inmediato como aquellas necesarias para asegurar de que el ambiente físico se modifique en formas que favorezcan un mayor bienestar a largo plazo). Los importantes cambios de los últimos decenios han mejorado las condiciones de vida de mucha gente, pero de ninguna manera han beneficiado a todo el mundo y, además, sometieron al ambiente y a la humanidad a presiones nuevas y poderosas.

A menudo se crea una dicotomía falsa entre los aspectos económicos y sociales del desarrollo, pese a que las cuestiones sociales son unas veces la meta y otras la fuerza motora de las actividades económicas. Si bien se procura obtener un ambiente social que promueva el bienestar de las personas, incluida su salud, su protección frente a los daños y el crecimiento de su capacidad y sus logros personales, el crecimiento económico también se ve impulsado por la dinámica demográfica, cultural y psicológica de la situación social. Al igual que en el caso del consumo con derroche, los cambios de índole primordialmente social pueden tener efectos nocivos sobre el ambiente y la salud. Por lo tanto, la expresión "desarrollo socioeconómico" denota adecuadamente una relación recíproca, cíclica y esencialmente inseparable entre los aspectos económicos y sociales.

El éxito del desarrollo socioeconómico depende, cada vez más, del "desarrollo político", es decir, del logro de formas mejores para administrar las empresas o emprendimientos colectivos a fin de reducir al mínimo sus costos y distribuir sus beneficios en forma equitativa. El concepto que subyace al desarrollo sostenible es el de reducir al mínimo el agotamiento y el daño de los recursos naturales, evitar la contaminación del ambiente con desechos, y velar por que la gente esté protegida contra los daños en el ambiente donde vive y por que pueda fomentar su salud a nivel personal y comunitario, tanto en las generaciones actuales como futuras. Y, para que el desarrollo pueda ser sostenible y humano, se deben fomentar las posibilidades de la comunidad para administrarlo.

2.2 Cambios ambientales relacionados con la salud

La dinámica del desarrollo socioeconómico ha ocasionado una gran variedad de cambios que repercuten en las perspectivas de salud, algunos de los cuales se reflejan en las tendencias demográficas y sociales, mientras que otros son el resultado de actividades en ciertos sectores económicos que producen cambios directos en la naturaleza y ayudan a crear y modificar el ambiente construido por el hombre en el cual vive la gente. Dichos cambios son esenciales para preservar un entorno físico favorable para la supervivencia y la salud humanas a corto y largo plazo.

Población y tendencias de asentamiento. En cualquier especie, el aumento de la población se traduce en una mayor exigencia sobre los recursos que le sirven de sostén. Si bien las mayores posibilidades tecnológicas permiten encontrar la forma de ampliar las posibilidades de algunos recursos, otros recursos existen en cantidades limitadas, y esto sin mencionar la cuestión de la posibilidad económica de suministrar una tecnología para quienes la necesitan pero no la pueden pagar. En todos los países de las Américas la población sigue aumentando como resultado del crecimiento vegetativo y las migraciones. La población de la Región aumentó más del doble en 50 años y llegó a un total de 718 millones de habitantes en 1990. Se preve que dicho crecimiento continuará, si bien a tasas un poco inferiores, considerando la base de fecundidad de quienes tienen menos de 15 años de edad, que en 1990 representaban 36% de la población de los países de Latinoamérica y el Caribe (cifra que, de una nación a otra, oscilaba entre 23% y 46%). Entretanto, todos los países están en transición demográfica, con tasas de dependencia crecientes debido al aumento del porcentaje de personas de más de 60 años de edad.

Los cambios en las modalidades de asentamiento son aun más importantes, dado que el crecimiento industrial, unido a las condiciones de las zonas rurales (que están en deterioro), ha transformado a las ciudades en polos de atracción para la gente. En 1990, 72% de los habitantes de la Región residían en zonas urbanas, cifra ésta ligeramente inferior a la de Europa pero muy superior a la de Asia y África. En los 40 años anteriores a dicha fecha, el crecimiento urbano se registró a todos los niveles: el número de ciudades de menos de 100.000 habitantes se triplicó, mientras que el de las de 100.000 a 1.000.000 de habitantes de cuadruplicó, al tiempo que el de las de 1.000.000 a 2.000.000 millones pasó de 4 a 18, y el de las de más de 2.000.000 de habitantes pasó de 4 a 14 en 1985 (cifra que podría llegar a totalizar 22 para el año 2000). La rápida urbanización se ha traducido en problemas sociales y sanitarios serios: exposición a condiciones riesgosas de las poblaciones en situaciones marginales, pobreza, hacinamiento, necesidades educacionales no satisfechas, delincuencia y criminalidad. Con frecuencia, el ritmo de dicho crecimiento ha superado las posibilidades gubernamentales y del sector privado para satisfacer las necesidades básicas, dejando librados a su suerte a millones de pobladores de zonas urbanas, obligados a luchar por sobrevivir en condiciones de marginalidad, en comunidades, barrios y tugurios de ocupantes ilegales.

Entretanto, el número de habitantes de las zonas rurales ha crecido lentamente, representando un porcentaje decreciente de las poblaciones nacionales. Muchas comunidades rurales de América Latina y el Caribe viven en condiciones precarias, a veces porque las necesidades de las ciudades en cuanto a una mayor explotación de recursos y una eliminación creciente de desechos han tenido un efecto negativo sobre las poblaciones rurales, tanto directa como indirectamente.

Alimentación y agricultura. La disponibilidad de alimentos para una alimentación equilibrada es una necesidad crítica para la salud. La producción, distribución y manipulación de alimentos trae aparejados el riesgo de transmisión de enfermedades y los efectos ambientales de contaminación del agua y el suelo, erosión, deforestación y salinización. Si bien, en general, la capacidad de producción de alimentos de las Américas es adecuada, con grandes diferencias entre los países, muchas comunidades se ven expuestas a los riesgos a impactos antedichos. Para poder satisfacer las necesidades de poblaciones crecientes se ha debido recurrir cada vez más al uso de plaguicidas, la transferencia de recursos hídricos, la tala de bosques y la construcción de grandes embalses. Los problemas de salud se relacionan con la contaminación química y biológica de los alimentos, los regímenes alimenticios deficientes de los grupos de poblaciones pobres y aislados, y las exposiciones de los trabajadores agrícolas a situaciones de riesgo.

Recursos hídricos. Si bien las Américas son ricas en recursos hídricos básicos, incluso teniendo en cuenta su distribución irregular, la capacidad de aquellos y de las especies acuáticas que albergan para favorecer el bienestar humano está disminuyendo debido al maltrato del ambiente, los hábitos de derroche y las presiones demográficas del aumento de población y la concentración urbana. Como no se ha establecido una correlación adecuada entre las medidas de protección y el desarrollo socioeconómico, algunas zonas ya están sufriendo escasez. Más generalizada es la contaminación de los océanos y las fuentes de agua dulce con desechos industriales, agropecuarios y municipales, unida al envenenamiento y la cosecha excesiva de especies acuáticas; de hecho, algunos daños son prácticamente irremediables.

El agua salubre es esencial para la supervivencia y la salud humanas. La incapacidad de las comunidades para proteger las fuentes hídricas y realizar inversiones adecuadas en el tratamiento de aguas servidas se pone de manifiesto en la presencia de niveles reducibles de enfermedades transmisibles relacionadas con el agua, como el cólera, la esquistosomiasis y las diarreas de lactantes (causantes de la mitad de las defunciones ocurridas en la primera infancia en algunos países); la prevalencia desconocida de enfermedades crónicas y debilitantes se atribuye a la presencia de productos tóxicos y agentes patógenos en el agua de bebida y los alimentos, provenientes de arroyos, lagos y mares contaminados.

Energía. Los países de la Región incluyen algunos de los mayores y menores consumidores de energía; los niveles de consumo aumentan a un ritmo acorde con el crecimiento industrial y del transporte, con lo cual hacen su aporte a la contaminación del aire tanto local como acarreada por los vientos y a la carga mundial de gases causantes del efecto de invernadero. Si bien el empleo relativamente elevado de recursos energéticos hidroeléctricos por parte de la Región reduce su aporte a las emisiones de combustibles fósiles, los embalses requeridos para ello han tenido su costo ecológico. Otro fenómeno propio de la Región es el constante empleo de la biomasa para los combustibles de use hogareño (que en algunos países del Caribe asciende al 80%), lo que tiene efectos adversos en los bosques y la integridad del suelo y aumenta los problemas de salud relacionados con la contaminación del aire en ambientes cerrados.  

Industria y minería. El desarrollo industrial ayuda a elevar los niveles de vida y produce otros beneficios sociales, incluido el nivel de empleo. Pero cuando se lo administra en forma incorrecta, sus efectos ambientales incluyen el uso indebido o el agotamiento de recursos básicos y extraídos, la generación y distribución de desechos y residuos peligrosos, la concentración excesiva de asentamientos humanos y la destrucción de los valores estéticos y naturales del ambiente natural. La salud humana puede verse perjudicada tanto por la exposición a sustancias peligrosas y al riesgo de accidentes en el lugar de trabajo, como por los productos peligrosos, los accidentes de producción y transporte, y la contaminación del aire, el suelo y el agua (que tiene efectos tanto directos como secundarios en los seres humanos y la cadena alimentaria). La Región de las Américas tiene una preocupación especial en cuanto a las actividades mineras ferrosas y no ferrosas, dada su importancia económica actual, las posibilidades de desarrollo de las reservas minerales del continente y la toxicidad de los procesos de extracción y los desechos correspondientes.

Productos químicos y desechos peligrosos en el ambiente. Los productos químicos ubicuos (presentes en el trabajo, los caminos, el hogar, los productos elaborados y los alimentos), relacionados con todos los rubros descritos supra, afectan a la salud de los seres humanos y los ecosistemas en formas conocidas y desconocidas. Si bien sólo los accidentes y desastres de grandes proporciones atraen la atención del público, la aparición y comercialización de compuestos nuevos escapa cada vez más a las posibilidades de evaluación y control, especialmente en los países con recursos científicos y reglamentarios limitados. Incluso en los países más ricos, las herramientas tradicionales de la epidemiología y la toxicología a menudo no bastan a proporcionar evaluaciones oportunas a inequívocas.

Los residuos químicos son un componente esencial del problema creciente de los desechos peligrosos generados por las actividades económicas, incluida la investigación y los tratamientos médicos. Al igual que en el caso de las tareas de evaluación y reglamentación, las posibilidades de reciclado y eliminación sin riesgos se ven superadas por la producción de desechos en prácticamente todos los países; en algunos, los movimientos trasnacionales de sustancias peligrosas y su vertido en otro país plantean problemas de magnitud desconocida; además, la falta de infraestructura impide poner en práctica políticas de control.

Los avances registrados en el comercio, las finanzas y las comunicaciones son factores determinantes cada vez más críticos del medio vital. Las actividades comerciales tienen un efecto visible sobre los recursos atmosféricos, terrestres y marinos debido a los desechos generados por las actividades de producción, transporte y uso. En forma menos visible, su incremento progresivo de las normas de consumo aumenta el número de drenajes que se vierten en los recursos naturales y agrava el problema de los desechos. El comercio no puede separarse de la globalización rápida y creciente de las finanzas y las comunicaciones, hecha posible por los avances revolucionarios registrados en la tecnología informática. Los efectos de estos cambios sinérgicos incluyen modificaciones relativamente rápidas en los ideales culturales y sociales, la manipulación de la demanda y una influencia muy importante sobre las decisiones de desarrollo.

Cambios ecológicos. Además de los desagües vertidos en los recursos hídricos, las actividades de producción han tenido efectos cada vez más graves sobre los recursos de la tierra y la atmósfera. La explotación indebida de la tierra y los recursos forestales se traduce en la pérdida de terrenos cultivables debido a la erosión, la desertificación, la salinización, la alcalinización y los usos del suelo para fines industriales y residenciales. Asimismo, los recursos del suelo se pueden agotar por medio de la deforestación, el pastoreo excesivo de los terrenos la destrucción de los hábitats de las especies. Además de socavar la base de recursos para progreso socioeconómico, incluidos los recursos genéticos para el mejoramiento de la productivid agrícola, la destrucción de las especies vegetales y animales que se están utilizando (o que podría emplearse) en los agentes terapéuticos es una cuestión que afecta directamente a los intereses de la salud.

Más de 100 millones de residentes urbanos en las Américas se ven afectados por nivel insalubres de contaminación atmosférica, provenientes sobre todo de las actividades fabriles, los vehículos automotores, la generación de energía, la quema de combustibles en el hogar y las emisiones de las industrias de servicios. Las características topográficas y climáticas, al igual que el fenómeno "isla de calor" que se genera en los centros urbanos, pueden intensificar los riesgos en las ciudades más grandes. La contaminación del aire en ambientes cerrados debida a la quema de carbón o de biomasa en hogares mal ventilados es particularmente peligrosa para la salud de mujeres y niños.

La cuestión de si se está produciendo realmente el recalentamiento del planeta como consecuencia de los gases causantes del efecto de invernadero sigue siendo objeto de controversia científica. Sin embargo, el acuerdo general en cuanto a sus efectos (cambio climático, migración de especies [incluidos agentes patógenos y vectores] y pérdida de tierras y ciudades costeras) y irreversibilidad práctica llevó a los gobiernos a asumir el compromiso de limitar el avance que ha registrado al respecto como consecuencia del crecimiento económico. Los efectos directos que tiene sobre la salud el fenómeno afín de la reducción de la capa estratosférica de ozono incluyen una mayor frecuencia de cáncer de piel, cataratas y deficiencias del sistema inmunitario y los efectos indirectos incluyen una mayor radiación ultravioleta sobre los elementos básicos de cadena alimentaria y ciertas especies vegetales.

2.3 Consideraciones económicas sobre el desarrollo humano sostenible

La especificación de los valores económicos de una población sana y un ambiente que  lo sustente trae aparejadas graves dificultades de medición; al llegar a la cuestión de las políticas desarrollo socioeconómico, dichas dificultades han obrado, con frecuencia, en detrimento de intereses sociales. Por ejemplo, cuando se hace un análisis de costo-beneficio, los costos de atención de salud son relativamente fáciles de medir, pero sus beneficios no, por lo cual algunos gobiernos han optado por clasificar al rubro de salud como un "sector de gastos", pasando por alto los aportes esenciales que las buenas condiciones de salud hacen a la productividad tanto económica  como social. El problema de la medición se agrava cuando se trasciende la estimación de valores de productividad para pasar a considerar elementos intangibles, como el aporte que adecuadas políticas de salud hacen a la estabilidad social y política. Cuando se intenta determinar los costos y beneficios ambientales se presentan dificultades semejantes: dada la complejidad de las interacciones entre la salud y el ambiente, el cálculo monetario de las consecuencias sobre la salud de los cambios ambientales provocados por ciertas propuestas de desarrollo constituye una tarea ímproba y a veces imposible. El concepto de desarrollo sostenible complica aún más los análisis, porque requiere la determinación del valor presente de los costos y beneficios que serán experimentados por las generaciones futuras, en relación con los aportes y las pérdidas de la situación actual.

Pese a estas dificultades, ciertos conceptos y reglas prácticas resultan útiles para integrar 12 salud y los valores ambientales en la toma de decisiones sobre el desarrollo económico, incluidos los siguientes aspectos:

  1. El valor social fundamental que se va a concretar a través del desarrollo económico es el de elevar los niveles de bienestar humano con un sacrificio mínimo de la integridad ambiental; la cuestión de la salud y el ambiente se ve ejemplificada con la siguiente pregunta: ¿podrían los países de la Región haber logrado sus progresos recientes en materia de longevidad y control de enfermedades con un costo menor en términos de deterioro ambiental?
  2. Los costos de las inversiones necesarias para preservar y restablecer condiciones ambientales favorables para la salud a corto y largo plazo se pueden compensar con sus aportes a la productividad, el ahorro social, el nivel de empleo y, mediante efectos multiplicadores, el producto interno bruto.
  3. Cuando se evalúan estrategias alternativas, los valores de equidad exigen que se le preste atención a la distribución social de los costos y los beneficios, no sólo en lo atinente a los desembolsos a ingresos monetarios, sino también en relación con los costos en términos de deterioro ambiental, valor social disminuido de los recursos, pérdida de bienes y aumento de riesgos para la salud y del nivel de exposición a los mismos.
  4. Por lo general, la prevención (tanto de las enfermedades y las discapacidades como de los cambios ambientales perjudiciales) cuesta menos que las tareas de tratamiento, reparación y restablecimiento.
  5. Para ser eficientes y eficaces, las políticas relacionadas con la reducción al mínimo de los daños ambientales y el mejoramiento de la salud deben recurrir a mecanismos de mercado a incentivos económicos (es decir, la reducción al mínimo de los costos) a modo de complemento de la reglamentación directa.

3. Interacciones de la salud con el ambiente y el desarrollo

El estado de salud de las personas depende ante todo de sus interacciones con el ambiente en que viven. Salvo en lo que hace a los rasgos genéticos hereditarios, las condiciones ambientales y la experiencia son factores determinantes fundamentales de la salud; esto se aplica inicialmente a los ambientes del útero materno y la infancia (protegida o no) y luego al complejo ambiente físico y social que procura, en forma adecuada o no, alimentación, agua, vivienda, seguridad, educación, empleo y atención de salud.

Por lo menos durante los últimos cien años, el carácter productivo y distributivo del desarrollo socioeconómico ha sido un importante factor determinante de los ambientes en los cuales vive la gente. La forma en que se persigue dicho desarrollo y la manera en que éste influye en el medio ambiente determinan si se van a satisfacer las necesidades humanas (y cuáles de ellas), qué comodidades estarán al alcance de la población, los peligros a los cuales la misma estará expuesta, la capacidad del medio ambiente para satisfacer las necesidades esenciales actuales y a largo plazo, a incluso, en parte, la herencia biológica que será transmitida a las generaciones futuras. Dado que el desarrollo no administrado o administrado en forma deficiente no ha podido satisfacer más que en forma parcial las demandas de las cambiantes realidades ecológicas y sociales, las sociedades contemporáneas se preocupan cada vez más por darle al proceso de desarrollo un carácter sostenible en relación con las necesidades y calidades humanas.

Las políticas macroeconómicas y subsidiarias del desarrollo que descuidan los aspectos de salud y los valores ambientales correspondientes (especialmente los relacionados con la disponibilidad y la calidad de los alimentos, el agua, la energía y la vivienda) pueden tener consecuencias adversas sobre la salud pública. El logro de los objetivos de crecimiento a corto plazo puede llegar a tener costos importantes a incluso irreversibles en términos del socavamiento de las bases ambientales de la salud, tanto a corto como en el largo plazo.

En un mundo ideal, un debate sobre las interacciones de la salud y el ambiente se centraría en la promoción de estados positivos de salud y bienestar. Sin embargo, las situaciones de todos los países de las Américas exigen que se privilegie ante todo la prevención de daños, enfermedades, discapacidades y defunciones. Si bien dichos países y sus comunidades difieren mucho entre sí en cuanto a los perfiles de sus respectivos problemas de salud, las principales cuestiones de políticas se relacionan con la satisfacción de las necesidades básicas para la vida y la protección de la salud.

3.1 Relaciones causales y decisiones de desarrollo

Las experiencias de hambrunas, sequías y condiciones climáticas extremas han puesto al descubierto los nexos entre la falta de satisfacción de las necesidades ambientales básicas por una parte, y las defunciones y las enfermedades por la otra. Asimismo, también se han establecido las conexiones directas entre las exposiciones no controladas a agentes patógenos únicos (o múltiples, como en el caso de las diarreas de lactantes) y las enfermedades. Sin embargo, es mucho más difícil establecer pruebas concluyentes en relación con las enfermedades causadas por muchos otros agentes contaminantes del ambiente, realidad ésta de mucho peso en la toma de decisiones de desarrollo.

Sobre todo en relación con las enfermedades y lesiones no transmisibles, las relaciones causales claras se ven oscurecidas por factores temporales (el lapso que transcurre entre la exposición y la aparición de síntomas), de lugar (se han probado las relaciones entre la intoxicación por plomo y el retraso mental, pero en ciertas situaciones se podrían llegar a tener que determinar los aspectos particulares del riesgo) y de complejidad (por lo general, la gente está expuesta a una combinación de riesgos [aire contaminado y tabaquismo] susceptibles de agravarse cuando se vive en condiciones de pobreza). Además, los riesgos pueden actuar en forma sinérgica, exacerbándose entre sí: es poco lo que se sabe sobre dichos procesos, y la tecnología de diagnóstico con que se cuenta para ellos es escasa.

3.2 Patrones de las enfermedades

Para la Región como un todo, los últimos 45 años han sido testigos de una mejora espectacular en varios indicadores de salud generales. En América Latina y el Caribe, la esperanza, de vida al nacer aumentó de 54 años en 1960 a 70 en 1990; en dicho lapso, las tasas de mortalidad infantil de esos países disminuyeron de 161 a 60 por 1.000. Estos datos generales ponen al descubierto grandes variaciones en los patrones de las enfermedad entre los países, pero ocultan importantes diferencias a nivel nacional y comunitario. En algunos países, las tasas de longevidad y de mortalidad infantil no variaron demasiado con respecto a los índices regionales de 1960 y, en el caso de los habitantes de las comunidades marginales rurales y urbanas de todos los países, no hicieron sino empeorar.

Gran parte de esta carga de enfermedades y muertes prematuras es atribuible a factores sociales y políticos antes que técnicos: condiciones inadecuadas en cuanto al suministro de agua para consumo, la eliminación higiénica de excretas, el tratamiento de las aguas residuales (con la consecuente contaminación de fuentes), el saneamiento comunitario y la higiene en el hogar, unidas a una educación deficiente en higiene y puericultura, todo ello agravado por densidades de población elevadas y la falta de servicios de salud apropiados. Bastaría con suministrar agua potable y servicios de saneamiento básicos para reducir en 50% la mortalidad infantil y prevenir 25 % del total de diarreas. Para muchos países, el no lograr resolver los problemas de salud ambiental del pasado limita en forma considerable sus posibilidades de hacer frente a las necesidades emergentes.

Si bien las enfermedades no transmisibles constituyen los principales problemas de salud en los países industrializados de la Región, los países en vías de industrialización deben librar sus batallas tanto contra las enfermedades transmisibles endémicas como contra los males de la "modernización". En distintas proporciones, la salud de las personas en las Américas está expuesta a un peligro creciente debido a los siguientes factores: la contaminación química del aire, el agua y los alimentos (incluso, a veces, la leche materna); la exposición a situaciones riesgosas y accidentes en el trabajo; la exposición a desechos peligrosos; las lesiones y muertes debidas al tráfico y los accidentes en el hogar; la mayor disponibilidad de sustancias nocivas; y los males sociales de la violencia y la criminalidad. En muchos países, dichos riesgos se ven intensificados por la falta de experiencia social y una infraestructura técnica inadecuada para su análisis y control.

3.3 Pobreza, ambiente y salud

La pobreza generalizada es el común denominador que afecta a los medios tanto urbanos como rurales; en muchos países de la Región están aumentando los porcentajes de familias pobres y la pobreza comunitaria afecta a la gente de todos los niveles económicos. Las estrechas relaciones que unen a la pobreza, la mala salud y el deterioro ambiental son algo que los estudios epidemiológicos de salud pública y otros estudios sectoriales han dejado perfectamente establecido. Dichas relaciones son recíprocas y se refuerzan entre sí, en el sentido de que cada factor es a la vez causa y efecto de los otros, y puede intensificarlos. La lucha por sobrevivir con escasos ingresos y un apoyo social insuficiente no les deja a muchos pobres más remedio que utilizar los recursos básicos en forma excesiva a indebida y aceptar el verse expuestos a situaciones riesgosas para la salud (a las cuales pueden contribuir involuntariamente).

A nivel comunitario, la pobreza se expresa como la falta de recursos financieros, técnicos y de gestión para suministrar infraestructura y servicios básicos. Sea real o bien función de las prioridades financieras, dicha pobreza tiene un costo en términos de la exposición de la gente a situaciones riesgosas para la salud, las necesidades de atención de salud y el deterioro del entorno material. La escasez en lo que hace al suministro de agua, los servicios de saneamiento básico, el tratamiento de los desechos sólidos y la vivienda constituye una preocupación primordial. 

Abastecimiento de agua potable y saneamiento. Pese a los programas de ampliación del abastecimiento de agua de los años ochenta, alrededor de 87 millones de personas carecen de un abastecimiento confiable de agua en los países de Latinoamérica y el Caribe y es mayor aun la cantidad de personas privadas de acceso al agua salubre. Casi 150 millones de personas carecen de los elementos apropiados para la recolección y la eliminación inocua de excretas. Los residentes de zonas rurales y los habitantes pobres de las ciudades se ven especialmente privados, y estos últimos pagan a menudo precios excesivos por el agua transportada. La trascendencia que se le dio al aumento del abastecimiento de agua hizo que los problemas relacionados con la calidad de la misma pasaran a tener una importancia secundaria. El tratamiento inadecuado de las aguas residuales, incluso en los casos en los que se toman medidas a título nominal, ha traído aparejada la creciente contaminación de las fuentes de agua (aparte de la contaminación proveniente de fuentes industriales y agrícolas, por ejemplo, los desechos sin tratar de aproximadamente 128 millones de residentes urbanos se descargan en aguas superficiales).

La epidemia de cólera de 1991 mostró en forma dramática los costos de estas situaciones en términos de salud. El que las medidas prioritarias tomadas ulteriormente por los gobiernos pudieran disminuir rápidamente las tasas de las enfermedades diarreicas y otras afecciones relacionadas con el agua demuestra que se puede mejorar la salud y aligerar un lastre que pesa sobre la productividad necesaria para el desarrollo económico sólido.

Residuos sólidos. La tendencia a acelerar la generación de residuos sólidos (algunos de ellos peligrosos y unos pocos biodegradables) que tienen la urbanización y el desarrollo industrial rara vez se ve compensada por la posibilidad efectiva de recolectar y eliminar dichos residuos. El problema se ha agravado en las ciudades más grandes, y ha crecido en forma proporcional también en los centros de menor tamaño, con amenazas cada vez mayores para la salud (mayor desarrollo de microorganismos patógenos, mayor población de vectores de enfermedades, repercusiones a nivel estético y el ambiente contaminación de fuentes hídricas y suelos, contaminación del aire proveniente de la incineración, el mal uso de la tierra).

Vivienda y vecindarios. Las pruebas más contundentes de la insuficiencia de viviendas y sus efectos ambientales se encuentran en los asentamientos marginales y barrios de tugurios de las ciudades de todos los países de la Región, cuyos residentes menos favorecidos viven en condiciones materiales y sociales precarias en las cuales no pueden evitar agravar el deterioro de la tierra y la contaminación del aire y las aguas. En forma más general, la vivienda inadecuada (incluidos los servicios conexos) abarca distintos factores adversos para la salud, que incluyen niveles elevados de exposición a agentes patógenos y vectores biológicos y físico-químicos, una protección inadecuada frente al clima, riesgos para la seguridad y una variedad de situaciones de estrés psicosocial.

A nivel general, el síndrome de la pobreza en las Américas, que quizás para fines de siglo llegue a afectar a 400 millones de personas, plantea un gran reto para el desarrollo humano sostenible.

3.4 Grupos de población de alto riesgo

Las poblaciones más expuestas a los riesgos de salud relacionados con el ambiente son las de los pobres, los niños, las mujeres, los grupos indígenas y los trabajadores en general (especialmente quienes pertenecen a más de un grupo).

Los pobres están demasiado expuestos a riesgos y, por definición, carecen de medios de protección. Están abrumados por enfermedades infecciosas y nutricionales en condiciones de vida deficientes, y rara vez logran protegerse frente a la exposición a sustancias contaminantes, las condiciones de trabajo y transporte peligrosas, el estrés psicológico y la alienación social. Entre los habitantes pobres de las ciudades de Latinoamérica y el Caribe, las tasas de enfermedades cardiovasculares y neoplásicas son, con frecuencia, tan elevadas como las del mundo industrializado.

Los niños son biológicamente más vulnerables a esta amplia gama de peligros ambientales, y a menudo viven en condiciones de mayor riesgo en cuanto a incendios, viviendas deficientes, tráfico y contaminación del aire en ambientes cerrados. Estos riesgos los pueden compartir con las mujeres, que a menudo están agobiadas con tareas arduas en el hogar y las fábricas, especialmente en los casos en que son cabeza de la familia, y a quienes en algunas sociedades se les niega una educación adecuada.

El proceso de desarrollo económico atacó o destruyó las culturas y los medios de vida de algunos grupos indígenas, a medida que fueron avanzando la agricultura industrializada y la explotación de los recursos naturales. La situación de desarraigo frente a las relaciones tradicionales con la tierra, la ocupación y la tribu aumenta con frecuencia la susceptibilidad a las enfermedades, que puede agravarse debido a la pobreza y la alienación social.

En muchos países de la Región, los trabajadores están expuestos a riesgos excesivos de exposición a sustancias tóxicas y accidentes, sobre todo en los oficios no reglamentados y del "sector informal", y forman una subclase más o menos permanente, con riesgos ocupacionales en un trasfondo de vulnerabilidad y pobreza. Para muchos de estos trabajadores, la atención de salud preventiva y correctiva es, a menudo, económicamente inaccesible.

3.5 Impactos ambientales transfronterizos en la salud

Grandes riesgos para la salud originados en el ambiente escapan a las posibilidades de control de los países debido a su carácter trasnacional; cabe incluir aquí a los factores de riesgo transportados a través de las fronteras por el aire o el agua (contaminantes ácidos y radiactivos), los movimientos de personas y bienes (cólera, alimentos contaminados, drogas ilegales) y la exportación no controlada de desechos peligrosos. Muchos países de la Región comparten recursos y situaciones problemáticas en sus zonas fronterizas, y todos hacen su aporte a los grandes cambios a nivel de todo el planeta (cambios que, a su vez, les plantean amenazas a largo plazo), como la acumulación de gases causantes del efecto de invernadero, la reducción de la capa de ozono de la estratosfera, la destrucción de especies, y los efectos resultantes como los cambios climáticos, las modalidades reproductivas de los vectores y la pérdida de tierras y recursos hídricos.

3.6 Medios para proteger la salud y el ambiente

Estudios de la OMS/OPS han establecido que pocos países de la Región cuentan con los recursos informativos, científicos, humanos, financieros a institucionales que se necesitan para analizar y promover en forma adecuada las inquietudes de salud y ambiente en la toma de decisiones de desarrollo. Asimismo, carecen de posibilidades para facilitar controles adecuados sobre un número creciente de problemas cada vez más complejos. Dichos estudios examinaron la disponibilidad de recursos tangibles, además de requisitos tales como las leyes, los mecanismos intersectoriales, las delegaciones funcionales de autoridad a los gobiernos municipales y la posibilidad de hacer cumplir las normas y los reglamentos. Uno de los descubrimientos de importancia crítica que se hicieron fue el de la incapacidad efectiva de casi todas las autoridades de salud nacionales para participar en el análisis y el control de los problemas de salud y ambiente a nivel sectorial o intersectorial.

4. La salud en las estrategias del programa 21

El Programa 21 identifica los objetivos y las actividades mundiales para el desarrollo sostenible en relación con los sectores sociales y de los recursos, además de establecer marcos para la cooperación internacional. Muchos países de la Región, tanto al prepararse para la CNUMAD como con posterioridad a dicha conferencia en la etapa de ejecución, formularon estrategias nacionales pertinentes a sus situaciones y necesidades. Tales estrategias son necesarias en todos los países, y se las debe fortalecer por medio de la formulación de estrategias específicas por áreas que den respuesta a las condiciones y necesidades de las regiones que componen a dichas zonas, de sus comunidades y, en algunas ciudades grandes, de sus vecindarios. Siempre que se actualicen y ajusten para dar cabida a los cambios en la información y las condiciones respectivas, dichas estrategias pueden brindar orientación y parámetros para realizar tareas de planificación y programación en distintos plazos.

El que los valores, las inquietudes y las medidas de salud se deben integrar en la formulación de estrategias conformes al Programa 21 a todos los niveles se desprende de la información suministrada en el cuadro 1, donde se indica la forma en que los objetivos mundiales de salud interactúan con todos los otros temas y cuestiones que se consideraron en la CNUMAD. Desde este punto de vista, el aislamiento del sector salud en procesos separados de planificación y toma de decisiones resultaría ser algo claramente estéril y antifuncional.

4.1 Principios estratégicos compartidos

Los conocimientos existentes sobre las interacciones entre la salud, el ambiente y el desarrollo sirven de sustento para los siguientes principios de políticas y programación en pro de estrategias para el desarrollo sostenible:

  1. La protección de la integridad del ambiente mediante medidas de desarrollo sostenible satisface las necesidades humanas tanto a corto como a largo plazo.
  2. La planificación cooperativa, orientada a las medidas preventivas y que abarca todos los niveles y sectores de las comunidades, es la clave del desarrollo humano sostenible.
  3. Las políticas de desarrollo socioeconómico deben:
  • equilibrar las necesidades a largo plazo y actuales en cuanto a explotación del ambiente, garantizando mientras tanto que se satisfagan todas las necesidades básicas de la gente;
  • introducir nuevas tecnologías con prudencia, considerando las necesidades y los derechos de todas las partes interesadas;  
  • basarse en conocimientos científcos sólidos, incluidos los provenientes de las ciencias sociales;
  • hacer hincapié en la prevención de los efectos adversos y la solución de las situaciones difíciles; y
  • suscitar una amplia participación.
  1. Los conocimientos científicos y la tecnología (al igual que los programas de investigación) deben ser
    compartidos libremente por los países, dentro de los cuales deben ser objeto de una amplía difusión.
  2. Las responsabilidades en cuanto a planificación y toma de medidas (al igual que las facultades necesarias) se deben descentralizar en forma adecuada para hacerse extensivas a los hogares, las empresas y las  comunidades, con el estímulo y el apoyo de los gobiernos y las instituciones correspondientes.
  3. Las estrategias deben contemplar el uso y la coordinación de los poderes intrínsecos de la especialización a nivel científico, tecnológico y administrativo.
  4. El dotar a la comunidad de la competencia necesaria para prevenir y controlar los problemas ambientales y sanitarios debería ser un objetivo explícito de las estrategias.

4.2 Formulación de estrategias

El proceso de formulación debe basarse en una participación amplia, en las dimensiones tanto horizontal como vertical, de la sociedad. La primera de dichas dimensiones abarca la amplia gama de intereses sectoriales, y define a un sector no como organismo gubernamental sino como un elemento que incluye asimismo las entidades económicas y comunitarias que lo componen. La dimensión vertical abarca los distintos niveles de organización social y política que median entre la nación y los hogares; es posible que se deban formular estrategias y planes en cada nivel.

La forma de armonizar esta función participativa depende de las tradiciones y políticas de cada sociedad. Por lo general, sin embargo, es probable que ni un proceso exclusivamente de arriba abaio ni uno exclusivamente de abajo arriba sean tan productivos como uno dotado de una secuencia definida, un enunciado claro de premisas de planificación y procedimientos integrales de comunicación y de ajuste mutuo.

Se deberán practicar ajustes no sólo entre los participantes, sino también en el transcurso del tiempo: a medida que se vayan adquiriendo conocimientos, las condiciones mejoren o empeoren, aparezcan tecnologías nuevas y se avance en la resolución de problemas, se deberán actualizar los planes y las estrategias (sobre todo en cuanto al establecimiento de un orden de prioridades). En resumen, el proceso de formulación no se da una sola vez en el tiempo ni es lineal, sino que, por el contrario, es cíclico y repetitivo, tanto en lo que hace al contenido de los planes como en cuanto a las secuencias de formulación.

4.3 Redes para la cooperación

Los comunes denominadores de los principios y procesos antedichos son la cooperación, la participación, la descentralización y la armonización. Para actualizar dichos temas se deben establecer redes para la colaboración. El concepto de red trasciende el término convencional (cooperación y coordinación intersectoriales) para denotar la dimensión vertical entre los niveles de organización social y gubernamental, y la participación de las entidades no gubernamentales.

Las redes incluyen no sólo las conexiones, sino también la participación activa de todos cuantos tienen un interés en las cuestiones correspondientes, los procesos de resolución y los resultados. El establecimiento de redes cooperativas eficaces es, en sí mismo, un avance social valioso.

El mejoramiento de la salud, sobre todo cuando abarca los factores ambientales ilustrados en el Cuadro 1, es un centro de atención útil para el establecimiento de redes, por distintas razones:

  • el tener una población sana constituye una meta de capital importancia para cualquier sociedad, y una cuestión de interés personal y social para las personas;
  • el empleo de los criterios de salud humana es útil para la resolución de conflictos entre los protagonistas de la conservación de la naturaleza y del cambio económico; para que el mejoramiento de la salud dé resultados, debe existir una buena cooperación en la economía y sus sectores, en pro de la meta de sustentabilidad ambiental y de políticas sociales que procuren obtener beneficios ampliamente distribuidos, y
  • el mejoramiento de la salud incluye, intrínsecamente, tanto la responsabilidad personal como la acción comunitaria.

4.4 Funciones de salud pública

Tanto a las autoridades de salud nacionales y locales como a otros elementos relevantes del sector de la salud les caben funciones importantísimas en la formulación y puesta en práctica de estrategias para el desarrollo humano sostenible. Ello incluye funciones de liderazgo en la promoción de la salud, la evaluación de riesgos y la vigilancia epidemiológica, y funciones participativas en el adiestramiento, el establecimiento de redes y normas y el suministro de información idónea de carácter científico y coyuntural para el análisis, la planificación y la toma de decisiones sobre los problemas comunitarios; en el recuadro adjunto se identifican las funciones en forma más detallada.

En la actualidad, las autoridades de salud pública de la mayoría de los países carecen de posibilidades para cumplir estas funciones. El desarrollo de recursos que les permitan participar en los procesos de desarrollo humano sostenible (y apoyarlos) es una meta importante de los aspectos del Programa 21 relacionados con el establecimiento de capacidades y posibilidades.

4.5 Desarrollo de recursos

Para que el ideal de desarrollo sostenible pueda concretarse, los países deberán desarrollar una amplia gama de recursos para su ejecución, requisito éste reconocido por el PNUD, entre otras entidades, en la programación de su plan Capacidad 21. En lo que hace a los aspectos de salud de la sustentabilidad ambiental, las necesidades correspondientes son importantes y abarcan desde aspectos tangibles (laboratorios y recursos humanos adecuados) hasta cuestiones intangibles como una mejor información sobre los problemas, la existencia de comunicaciones intersectoriales eficaces, los convenios laborales y una participación comunitaria vigorosa. En conformidad con el concepto de red, el desarrollo de dichos recursos implica más que la simple asignación de partidas presupuestarias adicionales para las autoridades de salud pública, implica también posibilitar a otros sectores a intereses comunitarios hacer su aporte participativo.

No todas las actividades de establecimiento de capacidades implican mayores gastos. De hecho, conjuntamente con el reciclado, práctica ésta de conservación de recursos, existe la necesidad crucial de reorientar y modificar los recursos existentes, a fin de volverlos más funcionales para las nuevas estrategias. En muchos casos, ello obligará a los líderes, los especialistas técnicos y las culturas institucionales a modificar sus puntos de vista, para terminar con el aislamiento y el escepticismo, abrir panoramas de oportunidades y hallar formas de recompensar a la gente en vez de sancionarla, a fin de que la cooperación pueda franquear las fronteras organizativas y disciplinarias.

4.6 Mejora de los conocimientos teóricos y prácticos

La posibilidad de lograr una comprensión más cabal de los problemas del desarrollo humano sostenible y de dar con soluciones mejores para los mismos es tan importante como el hecho de permitir a los países y las comunidades aplicar a las políticas y los programas de acción los conocimientos existentes sobre las interacciones entre la salud y el ambiente. En 1991, la Comisión OMS de Salud y Medio Ambiente determinó una amplia gama de necesidades concretas de investigación y desarrollo en este campo. En términos resumidos, las necesidades en cuanto a un mejor nivel de conocimientos y tecnología (muchas de las cuales se podrían satisfacer mejor mediante la cooperación entre países y entre instituciones) son las siguientes:

mejor evaluación de los riesgos planteados por las situaciones de peligro ambiental, aspecto éste que en algunos casos falta por completo y en otros tiene un carácter provisional y sujeto a debate;

métodos más rápidos para evaluar los riesgos, especialmente los que aparecen en poblaciones demasiado pequeñas como para proporcionar pruebas epidemiológicas claras, aquellos en los cuales los efectos adversos de las exposiciones a dosis bajas tardan mucho en manifestarse, y aquellos en los cuales faltan datos anteriores;

métodos adicionales para manejar los riesgos, incluidas las técnicas más poderosas de prevención, el empleo eficaz de recursos, y los controles idóneos desde el punto de vista ambiental, al igual que las adaptaciones de los métodos para poder utilizarlos en medios de recursos escasos;

mayores posibilidades para resolver las cuestiones sociales y de comportamiento, incluidas sanciones a incentivos, además de la motivación y la participación comunitarias; y

mayor apoyo para la toma de decisiones en materia de economía, políticas y gestión, lo que incluye indicadores claros de las necesidades, la eficacia y los beneficios correspondientes; sistemas de apoyo informático más eficientes, y métodos y disposiciones mejores para el intercambio tecnológico y educacional.

Anexos

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